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EL ANCIANO PAISIOS DEL MONTE ATOS

PALABRAS DEL ANCIANO PAISIOS

PEQUEÑA "FILOKALIA" - Historias del gerontikon

Sobre el Bien y el Mal

Sobre la concupiscencia

Sobre la avaricia

Sobre el Arrepentimiento

Sobre la Oración

Sobre el Ayuno

PEQUEÑA "FILOKALIA"

HISTORIAS DEL GERONTIKON - Sobre el Arrepentimiento

Abad Teodoro de Fermo / Abad Isaac de Tebas / Abad Pastor / Abad Doroteo / San Antonio Magno / San Casiano de Roma / San Marcos el Asceta / Hesiquio el Presbítero / San Nilo el Asceta / San Macario de Egipto / San Simeón el Nuevo Teólogo

Abad Teodoro de Fermo

DIJO el abad Teodoro de Fermo:

-El hombre que se encuentra en penitencia no está sujeto a mandato alguno.[1]

Abad Isaac de Tebas

EL ABAD Isaac de Tebas visitó una vez una comunidad y al ver a un hermano pecar lo amonestó. Al retirarse al desierto llegó un ángel del Señor y deteniéndose a la entrada de la celda le dijo:

-No te permito entrar.

Aquél entonces le suplicaba:

-¿Pero qué he hecho?

Y el ángel le respondió:

-Dios me ha enviado con el encargo: "dile: ¿dónde mandas que ponga al hermano que amonestaste?"

Y él inmediatamente se arrepintió y dijo:

-He pecado, perdóname.

Y el ángel dijo:

-Levántate, Dios te ha perdonado. De ahora en adelante ten cuidado y no juzgues a nadie antes de que lo juzgue Aquél.[2]

Abad Pastor

DIJO el abad Pastor:

-Si un hombre peca y lo niega diciendo "no he pecado", no lo censures; de otro modo, haces daño a su buena voluntad. Pero si le dices "no te aflijas, hermano, pero en el futuro sé más cuidadoso", elevas su alma al arrepentimiento.[3]

Abad Doroteo

EL ABAD Doroteo decía que es imposible que quien mantiene sus propios puntos de vista y pensamientos se someta o se atenga al bien de su prójimo.[4]

San Antonio Magno

DIOS creó con Su palabra las diversas especies de los animales para las necesidades del hombre: unos para alimento, otros para que lo sirvieran; al hombre lo creó para que mirara con admiración a los animales y a sus obras y que diera gracias a Dios. Tengan, pues, mucho cuidado los hombres, no vayan a morir como los animales irracionales, sin ver ni sentir a Dios. Asimismo, el hombre debe comprender que Dios es omnipotente y que no existe nada sin que Él lo desee. Él, que puede hacerlo todo: pero creó y crea lo que quiere de la nada con Su palabra para salvar a los hombres.[5]

LA MUERTE para los hombres que la entienden es inmortalidad; pero para los insensatos que no la comprenden es muerte, pero esta muerte no debemos temerla; la pérdida del alma, es decir, la ignorancia de Dios, es la verdadera desgracia para el alma, y a ella debemos temer.[6]

San Casiano de Roma

EN ÚLTIMO LUGAR habló el bendito Antonio: "cuanto habéis dicho es todo necesario y bueno para quienes buscan a Dios y quieren acercarse a él. Pero no es lícito otorgar el primer lugar a estas virtudes; hemos visto a muchos que se atormentaron con ayunos y vigilias, y se retiraron al desierto, y practicaron hasta tal punto el desprendimiento que no dejaron para sí mismos ni el alimento de cada día, y practicaron tanto la limosna que cuanto tenían no les bastaba para dar; pero luego se convirtieron en miserables al caer de la virtud y resbalar en la maldad. ¿Qué es, pues, lo que les hizo perder el recto camino? Según pienso y opino, no es otra cosa sino que no tenían el don del discernimiento. Este don enseña al hombre a no exagerar en nada y a seguir la vía regia; y no permite que sea dañado ni por la derecha, con la continencia desmedida, ni que sea por la izquierda arrastrado a la indiferencia y la molicie. El discernimiento es para el alma un ojo y una lámpara, como dice el Evangelio: "la lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo estuviese sano, todo tu cuerpo quedará iluminado. Mas si tu ojo estuviere enfermo, todo tu cuerpo quedará en tinieblas".[7] Y realmente es así. Porque el discernimiento controla todos los pensamientos y actos del hombre y percibe y distingue lo que es malo y no es grato a Dios, y así expulsa el error. Y ello puede verse también por los relatos de las Sagradas Escrituras. Saúl, por ejemplo, a quien primero confió Dios el reino de Israel,[8] como no tenía este ojo del discernimiento, su pensamiento se vio oscurecido y no pudo advertir que el deseo de Dios era que obedeciera a lo que le mandaba el santo Samuel y no hacer sacrificios; y, mientras pensaba que lo que hacía le era grato a Dios, ello era precisamente el error por el que fue expulsado del reino. No hubiera sufrido tal suerte si hubiera tenido dentro de él la luz del discernimiento. Al discernimiento, asimismo, lo llama sol el Apóstol al decir: "no se ponga el sol sobre vuestra ira".[9] Y es también llamado gobierno de nuestra vida según está escrito: "cuantos no tienen gobierno caen como las hojas".[10] También las Sagradas Escrituras lo llaman conocimiento, y nos enseñan a no hacer nada sin él, de modo que incluso el vino espiritoso que alegra el corazón del hombre no lo bebamos sin conocimiento, como dice el proverbio "con conocimiento bebe el vino",[11] e incluso "ciudad desmantelada y sin murallas es el hombre que no sabe contenerse".[12] Al discernimiento se debe la sabiduría y la inteligencia y la prudencia, sin las cuales no podemos construir nuestra casa interior, ni reunir riqueza espiritual, como se ha dicho: "con la sabiduría se edifica la casa y con la inteligencia se afirma. Con la ciencia se hinchan sus cámaras de toda suerte de bienes".[13] Y ha sido también llamado alimento sólido para aquellos que con el ascetismo han ejercitado sus sentidos y por costumbre disciernen ya el bien y el mal.[14] Es, pues, evidente, que sin el don del discernimiento ninguna virtud puede ser creada y mantenida firmemente hasta el final; el discernimiento engendra y protege a todas las virtudes.[15]

San Marcos el Asceta

HAY una contrición del corazón normal y beneficiosa que lo lleva a la devoción, y hay otra anormal y dañina que lo pervierte.[16]

NO BUSQUES la perfección de esta ley [de la libertad] en virtudes humanas. Nadie se hace perfecto por ellas. Su perfección se esconde en la Cruz de Cristo.[17]

A AQUÉL QUE HA DEJADO de cometer pecados y está ya arrepentido no lo amonestes más. Y si dices que lo amonestas por la voluntad de Dios, saca primero a la luz tus propios pecados.[18]

LOS HECHOS DOLOROSOS otorgan memoria de Dios al hombre prudente y respectivamente causan aflicción a aquél que ha olvidado a Dios.[19]

EL HOMBRE aconseja a su prójimo, según los conocimientos de que dispone; Dios actúa en el que escucha, según su fe.[20]

CUANDO VEAS que tu pensamiento te hace procurar la gloria humana, has de saber que te prepara una vergüenza.[21]

DE QUIEN vemos claramente que peca y no se arrepiente, sin que le ocurra nada hasta su muerte, has de creer que el juicio de Dios sobre él será implacable.[22]

SI PECAS no te irrites con la acción, sino con la idea. Si no se anticipara la mente no la seguiría el cuerpo.[23]

PONGAMOS QUE SEAN doce los vicios más despreciables; con que ames uno sólo de ellos con tu voluntad, ése suplirá a los otros once.[24]

LA CONCIENCIA es un libro procedente de nuestra naturaleza. Quien lo estudia realmente, recibe la ayuda de Dios.[25]

NO ES CONTINENTE aquél que se alimenta de pensamientos. Pues aunque hagan bien, no hacen más bien que la esperanza.[26]

NADIE es tan bueno y filántropo como el Señor. Pero a aquél que no se arrepiente, ni siquiera Él lo perdona.[27]

MUCHOS NOS DOLEMOS de nuestros errores, pero las causas de éstos las aceptamos con todo nuestro corazón.[28]

Hesiquio el Presbítero

EL BUEN PEDAGOGO del cuerpo y del alma es el continuo recuerdo de la muerte; sobrepasar lo transitorio y pensar continuamente en nuestra muerte; el lecho en que yaceremos agonizando y todo lo demás.[29]

CON JUSTICIA y de acuerdo con la naturaleza que Dios les ha dado debemos usar las tres partes del alma. La ira volverla contra nuestro yo pecador y contra el diablo. "Airaos", dicen las Escrituras, "con el pecado. Eso significa que os airéis con vosotros mismos y con el diablo, para no pecar contra Dios".[30] Nuestro deseo debemos dirigirlo a Dios y a la virtud. Nuestro intelecto, ponerlo a vigilar las otras dos partes del alma con conocimiento y sabiduría, a darles órdenes, amonestarlas, imponer castigos y dominar, como el rey domina a los súbditos; de este modo la razón que llevamos dentro gobierna de acuerdo con la voluntad de Dios a las otras dos partes, aunque las pasiones se rebelen contra ella. Cuidar, pues, de que nuestra razón domine las pasiones, porque como dijo el Apóstol Santiago "si alguno no peca en su hablar es varón perfecto, capaz de gobernar también todo su cuerpo", [31] etc. Pues es cierto que todo desorden y todo pecado tiene lugar con la cooperación de las tres partes del alma, así como toda virtud y toda justicia se deben a estas tres partes.[32]

San Nilo el Asceta

BENDITO es el Monje que ve a todo hombre como Dios, después de Dios.[33]

San Macario de Egipto

LA MAYORÍA de los hombres quieren ganar el reino sin esfuerzos ni sudor; y mientras consideran bienaventurados a los santos varones y desean su honor y sus dones, no quieren tomar parte en los sufrimientos y tormentos que aquellos pasan. El reino lo quieren todos, hasta las rameras y los publicanos y todos, y por ello existen las tentaciones y los sufrimientos: para que se ponga de manifiesto quiénes han amado de verdad a su Señor y con justicia ganen el reino de los Cielos.[34]

San Simeón el Nuevo Teólogo

NADIE os seduzca con necios razonamientos[35] ni nos engañemos a nosotros mismos: antes de alcanzar el don del duelo y las lágrimas, no hay en nuestro interior arrepentimiento, ni verdadero propósito de enmienda, ni temor de Dios en nuestro corazón, ni nos hemos condenado a nosotros mismos, ni nuestra alma ha sentido el futuro juicio y el tormento eterno. Porque si nos hubiéramos condenado a nosotros mismos, y alcanzáramos todo esto y viviéramos en ello, inmediatamente nos acudirían las lágrimas. Pero sin las lágrimas, ni la dureza del corazón puede jamás ablandarse, ni el alma alcanzar humildad espiritual, ni conseguiremos ser humildes. Y quien no alcanza la humildad no puede unirse con el Espíritu Santo. Y el que no se ha purificado para unirse con Él, no puede llegar a contemplar ni conocer a Dios, ni es digno de aprender secretamente las virtudes de la humildad.[36]

[1] Gerontikon, 12

[2] Gerontikon, 1

[3] Gerontikon, 23

[4] Dichos varios en breve, 1

[5] Consejos sobre la moral de los hombres y el buen estado, 47

[6] Ibid . 49

[7] Mt. 6, 22

[8] I Samuel 10 y ss.

[9] Efes. 4, 26

[10] Proverb. 11, 14

[11] Proverb. 24, 33

[12] Proverb. 25, 28

[13] Proverb. 24, 4

[14] Hebr. 5, 14

[15] Al abad Leoncio: discurso sobre los padres en el eremitorio y sobre el discernimiento, de enorme beneficio.

[16] Sobre la ley espiritual, 18

[17] Ibid . 31

[18] Ibid . 39

[19] Ibid . 56

[20] Ibid . 78

[21] Ibid . 90

[22] Ibid . 112

[23] Ibid . 119

[24] Ibid . 135

[25] Ibid . 186

[26] Sobre aquellos que creen estar justificados por sus obras, 40

[27] Ibid . 78

[28] Ibid . 79

[29] A Teódulo, 95

[30] Salmo 4, 5

[31] Sant. 3, 2

[32] A Teódulo, 126

[33] Sobre la oración, 121

[34] Paráfrasis del Simeón el traductor en 150 capítulos a los cincuenta discursos de San Macario de Egipto, 59

[35] Efes. 5, 6

[36] Capítulos prácticos y teológicos, 69

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